28/11/11

EMBALSE DE SANTILLANA

Uno de los lugares preferidos para el descanso, ya desde la infancia asociado a todos los sentidos, la conciencia y el recuerdo. Un lugar donde ya el tío Pepe pescaba carpas y lucios de buen tamaño... un lugar donde algún lucio grande se llevó el dedo de algún bañista imprudente según decían las señoras de los pueblos de Manzanares, Colmenar y Soto de El Real (entonces Chozas de la Sierra). Uno de esos pequeños paraísos, testigos de innumerables excursiones a caballo por sus alrededores. Testigo también de no pocas escenas de películas del Oeste rodadas en la Pedriza... y de una de las grandes batallas de Espartaco filmada en el cerro de san Pedro con todos los extras que se apuntaban en el bar de Lucas en la calle de La Feria en Colmenar. Uno de los embalses para abastecer de agua a Madrid, con su presa al fondo inaugurada por Alfonso XIII. Hoy convertido en reserva natural de toda especie de anátides, de gaviotas reidoras, ánades azulones, cormoranes... y donde las truchas saltan y brillan sus escamas de plata con la puesta de sol en esos vivísimos escorzos de sus brincos y coletazos en superficie.



   He prometido volver otro día para intentar esclavizar en una foto esa explosión de agua y alas de las gaviotas, azulones y cormoranes pues en esta ocasión me situé frente al sol y las lenguas de tierra de la zona no me dejaron acercarme al escenario de las anátides... 


 Ahí está Juan Salvador Gaviota, dispuesto a subir a la máxima altitud para realizar su acrobacia, desoyendo las voces que quieren cortarle las alas, y aquí abajo está recuperándose de su caída en picado... pocos minutos después de estrellarse con el agua...

 En esta última foto Juan Salvador instruye a sus alumnos más audaces que sueñan con volar en otra dimensión algún día... 

 Entre las quebradas de la Pedriza, hay algunas praderas no muy grandes, pero lo suficiente como para rodar escenas de indios y vaqueros con caídas de caballo al galope... como en Aguilas negras de Santa Fe. Dicen que dicen que cuentan que los buenos extras... para hacer más verosímil la caída del caballo, se ataban una cuerda de unos 20 metros a la cintura y cuando filmaban el disparo lo unían al salto del vaquero que con su riñonera aguantaba el tirón de la cuerda hacia atrás...
                                                                                                                          

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